Santo Domingo.- Como parte de su compromiso con la formación de talento, la equidad de oportunidades y el fortalecimiento de la participación femenina en las áreas STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas), el Instituto Tecnológico de las Américas (ITLA) celebró el panel «El código fuente del futuro se escribe con (M) de mujer», un espacio de diálogo e inspiración orientado a motivar a jóvenes y adultas a descubrir su potencial y proyectar su futuro profesional en el ámbito de la ciencia y la tecnología.
Durante las palabras de apertura, el rector del ITLA, Jimmy Rosario Bernard, afirmó que la transformación digital del país requiere una mayor participación de las mujeres en los sectores tecnológicos y recordó que cuando ellas quedan fuera de estos espacios «no solo pierde la oportunidad la mujer, sino también el país».
Asimismo, destacó que, aunque la República Dominicana avanza de manera sostenida hacia una economía basada en la innovación, aún persisten barreras culturales y estereotipos que limitan el acceso y la permanencia de más mujeres en las áreas STEAM.
«No se trata de una falta de talento o de capacidades, sino de derribar barreras y crear las oportunidades necesarias para que más mujeres desarrollen todo su potencial. Con iniciativas como este panel buscamos acercar referentes que demuestran que el liderazgo femenino transforma la innovación y que el futuro tecnológico del país también se construye con el conocimiento, la creatividad y el talento de las mujeres», expresó.
El panel reunió a destacadas profesionales dominicanas de la academia, el sector público y la transformación digital, quienes compartieron sus experiencias personales, desafíos y aprendizajes, coincidiendo en que el talento, la preparación, la perseverancia y las habilidades humanas son factores determinantes para abrirse camino en sectores históricamente masculinizados.
La doctora Romery Alberto Monegro, directora de la Escuela de Informática de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), recordó que inició sus estudios tecnológicos cuando tener una computadora era un privilegio y que, de una matrícula de 95 estudiantes, apenas ocho eran mujeres.




